Estas palabras versarán sobre la teoría del caos aplicada al estudio de la actualidad internacional, buscando poner como marco los riesgos y oportunidades de la Inteligencia Artificial. El objetivo es poner de manifiesto que más allá de la tecnología, la indiferencia de por sí es un inmenso jaque al futuro de la humanidad.

Este año se cumplen 60 años del estreno de Dr. Strangelove, una de las más maravillosas películas de Stanley Kubric. La trama de Dr. Stangelove presenta a un general americano, el general Ripper, que pierda la cabeza y activa un protocolo de ataque contra la Unión Soviética por el cual el avión que se dirige a arrojar la bomba atómica contra la URSS corta comunicaciones con su base.

Este irracional protocolo activa a su vez otro protocolo, de los soviéticos, inalterable y automático, por el cual si los americanos atacan, los soviéticos contraatacan automáticamente con misiles nucleares que llevan al fin del mundo. El sentido de este segundo algoritmo, es disuadir a los primeros de atacar. Pero el anuncio público de este mecanismo, lo que le da sentido, sería en pocos días. Y el mecanismo perfecto falla. Y el mundo de Dr. Strangelove corona la irracionalidad de sus tiempos con el fin de la humanidad.

El aleteo de una mariposa en Oceanía puede provocar una tormenta tropical en el Atlántico Norte. Si llevamos la teoría del caos de Edward Lorenz y su efecto mariposa a la vida de las sociedades, y buscamos cómo pequeñas alteraciones en el inicio de los procesos pueden provocar grandes alteraciones en los comportamientos futuros, entenderemos que cualquier loco, como el general Ripper, puede provocar grandes catástrofes. Y todo lo contrario.

Entendamos al caos, incluso para entender nuestra sociedad y el curso de la humanidad, no tan solo desde el desorden. Que podríamos hacerlo. El mundo, es ciertamente un caos. Pero hagámoslo desde la no linealidad que nos propone la teoría matemática del caos: pequeñas variables en las causas iniciales, luego magnificadas, pueden producir alternativas muy variadas.

En la vida real hubo un oficial de las fuerzas armadas, en este caso soviético, que se enfrentó a un caso como el de Strangelove. El hombre que salvó el mundo, consideran varios. Stanislav Petrov. Petrov era el oficial de guardia aquel día de 1983 cuando recibió una alarma de ataque nuclear lanzado desde Estados Unidos. El sistema pasó 30 confirmaciones. El protocolo, el algoritmo, indicaba que Petrov debía elevar la alarma a sus superiores, y eso probablemente activaría una represalia nuclear. Lo que podría ser el fin, como en Strangelove, de la humanidad. Pero Petrov desobedeció. Otro hubiese obedecido al sistema y al protocolo, pero Petrov entendió, desde el sentido común, que los americanos no harían tal cosa, y que el sistema podría fallar.

Caos y el presente

El aleteo de un insecto en Hong Kong puede provocar una tormenta en Nueva York. El pensamiento de un teniente puede salvar el mundo.

Yibuti es un país africano del cuerno de África de una extensión apenas mayor que la de Galicia, ubicado en la punta occidental del estrecho de Bab al Mandeb, que separa el Mar Rojo del Golfo de Adén. La población total no llega al millón de habitantes, un tercio de los que habitan la ciudad de Madrid. Políticamente es muy estable. Occidente no se pregunta demasiado sobre la calidad democrática de Djibuti, sobre la dinastía familiar que democráticamente gobierna, sobre el presidente Guelleh. Djibuti no es un problema para occidente, o al menos así lo refleja en la opinión pública.

Su vecino Etiopía tiene 126 millones de habitantes, 126 veces más. Etiopía depende de Yibutí para acceder al mar. Sudán está en guerra. Con Eritrea vive en Guerra, nunca se puede decir. Con Somalía, y esto es de estos días, está en discusión sobre Somailandia, una región que clama una independencia que ningún estado reconoce pero con la que Etiopía quiere pactar la salida al mar. La estabilidad de Djibuti permite la salida de Etiopia al mar. Si hubiese un general Ripper en Yibuti no sería solo un problema para ese pequeño estado que nunca, nunca, sale en las noticias y que nunca es trending topic. Sería un severo problema para África, e incluso Europa, puesto que podría provocar una crisis migratoria de alto impacto.

Frente a Yibuti, a menos de 50 kilómetros cruzando el estrecho de Bab al Mandeb, está Yemen.  El mundo miró a la península arábiga hace poco más de un año, vio que Qatar era el centro del mundo hace un año, pero a menos de mil kilómetros de la próspera Qatar, de la paradisíaca Dubai tan frecuentada, Yemen se hunde en la miseria y el hambre, en una crisis civil de más de 10 años, que se ha llevado la vida de centenas de miles por las armas, y decenas de miles por el hambre. Este país olvidado, al otro extremo del rico golfo pérsico, sí sale en las noticias estos días por el desmadre provocado por sus piratas. Piratas en barcas en las que no entran más de 10, pero fuertemente armados, han puesto en jaque el comercio internacional, y parecen ser claves en el desenlace de la actual guerra en Gaza. Según el primer ministro catarí, si acaban los ataques israelíes en Gaza, se detienen los piratas…

África, Asia, América… Guyana es un pequeño estado del norte de Sudamérica. Suele ser omitido de los repasos del continente con absoluta naturalidad. Pero este insignificante país con menos habitantes que Yibuti puede ser involuntario actor que termine desandando un nudo imposible. Hace años la comunidad internacional se pregunta qué y cómo abordar la crisis venezolana. Más de 7 millones de venezolanos, 10 Guyanas, viven en el exilio. Y ese país, liderado por el ex canciller de Hugo Chávez Nicolás Maduro, amenaza con invadir Guyana para tomar posesión de una región que Venezuela reclama, Essequibo, habitada por no más de 150 mil personas. ¿Cómo reaccionaría la comunidad internacional ante una invasión, una guerra entre un David y un Goliat en Sudamérica, un continente a Dios gracias con poquísimos antecedentes de guerras contemporáneas?

Podríamos seguir. Yibuti, Yemen, Guyana… son mucho más importante que lo que su presencia en la discusión por la atención, en las redes sociales, en los medios, en la opinión pública, indica. Las relaciones internacionales de los estados, organismos, organizaciones de la sociedad civil, en ocasiones omiten las prioridades de la discusión por la atención, y obran por su cuenta, pero ese es otro tema por el momento. Viremos ahora a la inteligencia Artificial y busquemos los puntos de encuentro.

Caos e Inteligencia Artificial

Si bien la Inteligencia Artificial llamó a nuestras vidas cuando OpenAi relanzó su Chat Gpt hace un año, con un gran revuelo social y comercial, ese tipo de tecnologías venían asomando y sonando desde hace por lo menos unos diez.

Y en el ámbito del ecosistema de medios de comunicación, el interés supone desde hace tiempo cuatro grandes aplicaciones: la gestión comercial, la gestión administrativa, la escucha de audiencias, la producción de contenidos. Para los 4 ejes, los avances de la denominada Inteligencia Artificial, pueden ser decisivos, intuyen los medios. Para los comunicadores, traigo a colación a  Yuval Harari (21 lecciones para el siglo XXI, 2018, p.41) que decía en 2018 que dos capacidades no humanas importantes de la Inteligencia Artificial son la conectividad y la capacidad de actualización. Y los comunicadores, en el periodismo, en la empresa, en la organización, en el marketing, necesitamos conectividad y actualización. Con plena conectividad e inmediata actualización, seríamos insuperables. Por eso, con la tecnología, parece, perdemos por completo. A menos que seamos entes como los de Matrix, que no lo somos.

Dejemos de lado el modelo de negocio, las primeras dos aristas, y la producción de contenidos, que todos jugamos o podemos hacerlo con Chat GPT. Vayamos a la identificación de valor noticia, que podemos asociar a la escucha, a cómo la IA puede ayudarnos a ver dónde esta lo valioso para conversar. A priori, las IA van a responder a lo que nosotros las entrenemos. Si las entrenamos para identificar que lo popular es lo valioso, difícilmente nos indiquen informar o crear contenido de Yibuti, Guyana o Yemen. Pero supongamos que las entrenamos para identificar, aún ante la presumible cantidad de clicks, sobre la posibilidad de que los eventos menores tengan consecuencias mayores, supongamos que logramos entrenar al algoritmo para predecir el caos. ¿será posible?

A inicios de siglo XXI nada hacía presumir un tratado de paz de las FARC con el gobierno colombiano. Ingrid Betancourt secuestrada, entre varios, el gobierno de Uribe en plena ofensiva, unas FARC con apoyo internacional diplomático fuerte… Pero pocos años después, las FARC entregaron las armas, al menos su gran mayoría, y se firmó un acuerdo de paz. Pastora Mira García es colombiana. Dio su testimonio durante la visita del Papa Francisco a Colombia. A Pastora le asesinaron a su padre, a su primer marido, a su hija, a su hijo.

Y tres días después de sepultar a su hijo, Pastora recibió a un joven herido en su casa. Lo atendió en la misma cama de su hijo. Y al ver fotos, el herido confesó que era uno de los asesinos de sus hijos. Lo esperable era lo que en la película de Steven Spielberg Minority Report provoca el juicio previo contra Tom Cruise: que la venganza gane al perdón. Pero no. “Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor”, dijo Pastora ante el Papa.

Son esos suaves aleteos de mariposas los que alteran iteraciones y llevan a desenlaces que ningún algoritmo parece prever aún.

Las vulnerabilidades de la humanidad ante la tecnología

Según Nick Bostrom (The Vulnerable World Hypothesis, 2019), del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, vamos hacia un desenlace muy oscuro en relación al desarrollo tecnológico. O la destrucción total o un grado de vigilancia total para evitar la destrucción total. Él advierte cuatro grandes vulnerabilidades en lo que viene, cuatro talones de Aquiles. Tomemos las cuatro hipótesis como válidas. Y pensemos, a modo de conclusión, qué nos toca a los comunicadores, ya que para pensar en comunicadores estamos en esta Fundación.

Primera vulnverabilidad: La vulnerabilidad Easy Nuke propone que cualquiera, cualquier loco, cualquier mariposa, pueda hacer una bomba atómica o cualquier tecnología que potencialmente acabe con todos. Cualquiera puede ser decisivo para la humanidad, busquemos y contemos historias donde sea, como sea. Las de Dubai y las de Yemen. Las de Venezuela y las de Guayana. Pero no olvidemos que las Pastoras están en todos lados, los Petrov, y ellos pueden ser decisivos para el bien. Contémoslos.

Segunda vulnerabilidad: La vulnerabilidad del primer golpe: la carrera por desarrollar armas que el otro no tenga nos puede llevar a caminos sin retorno. ¿El poder puede entrar en una locura autodestructiva? Custodiemos el poder, es mandato heredado del periodismo que los comunicadores combatamos la injusticia y observemos a los poderosos, sean quien sean, sea Elon Musk, sea el presidente de un estado. En redes, en medios, en empresas, la verdad es nuestra aliada. No el jefe de turno. Controlar el poder es arma privilegiada del comunicador y es resguardo de la humanidad.

Tercera vulnerabilidad: La vulnerabilidad del Peor cambio climático: somos tantos los individuos involucrados en el daño provocado que no lo podemos evitar, postula esta vulnerabilidad. ¿Qué somos muchos haciendo el mal y no podremos evitarlo? No olvidemos el efecto mariposa, nosotros, informando, comunicando para el cambio, podremos ser el factor decisivo que altere lo que parece inalterable. Nuestro aleteo, y lo sabemos los comunicadores, provoca grandes cosas. Sin meterme demasiado, sugiero la lectura climática de William Nordhaus, un gradualista del combate contra el cambio climático. Son pequeños pasos los decisivos.

Cuarta hipótesis de Bostrom: La vulnerabilidad del Riesgo oculto del descubrimiento: Muchos temen que la Inteligencia Artificial sea justamente esto, aunque Bostrom apunta más a desarrollos energéticos y cuestiones de la física. ¿Y si lo que desandamos con la IA es autodestructivo? ¿Si toma consciencia de sí, se interrogarían los más escépticos, quizá en lo cierto? Y a nivel más personal… ¿Si la IA se queda con nuestro trabajo? ¿Si la IA es la que va a generar el medio, el marketing, la estrategia y la campaña, la comunicación de mi organización? Dominemos pues a la IA antes de que sea autoconsciente, que no creo llegue a eso. Pero usémosla sin temor.

El fanatismo de la indiferencia

Inicié con Dr. Strangelove, sugiero dos películas más contemporáneas para terminar. La primera de Adam McKay, Don’t Look Up, producida por Netflix, protagonizada por Leonadro Dicaprio y Jennifer Lawrence. No mires para arriba. Es muy evidente que hay un mal que nos puede afectar a todos, pero no vaya a ser que estemos equivocados. No miremos el problema, a veces se nos dice, vivamos. Ahora se habla un poco de los riesgos de la tecnología. Pero hay otras vulnerabilidades….

Ok, el caos es posible. Pero para qué ver Yemen si tenemos Catar y el mundial. Para qué ver Ucrania si tenemos los grandes yates en los grandes puertos del mediterráneo. Claro, no miramos el problema porque nos preocupa más tener razón o seguir en lo nuestro… hasta que el problema está demasiado cerca. Y la comunidad internacional, único resguardo ante los grandes males que nos pueden afectar y ningún estado solo podría controlar, sigue dividida hasta el final, no aborda en conjunto los problemas que estamos creando, no se preocupa en conjunto por el futuro de la humanidad, como invita a pensar Don’t Look Up, como ha hecho causa de vida el Papa Francisco.

El futuro de la humanidad puede depender de cada uno de nosotros si vemos al lado del camino. Pero no, caemos en la indiferencia y vemos sólo desde nuestra mirada nuestro propio camino. No miramos el problema de la humanidad, nos preocupa nuestro problema, o atender a nuestras necesidades. Somos indiferentes. Y cuidado que sin saberlo estamos entrenando algoritmos para ponderar esta indiferencia. Cada click que hacemos en internet entrena a una inteligencia artificial. Veamos las noticias jerarquizadas de los portales, exceso obsceno de frivolidad…Y esos ya son algoritmos, es el algoritmo que como sociedad estamos creando.

Se nos pide a los comunicadores servir al Dios SEO… Y cuidado. Porque el SEO, algoritmo que sirve a los motores de búsqueda, no es precisamente un algoritmo que prioriza el ver al prójimo al lado del camino.

La indiferencia es una manera de contribuir a la división. Hay un fanatismo de la indiferencia, nos advierte Francisco. La indiferencia es signo de una sociedad mediocre, también el Papa Francisco.  Y o somos hermanos, o todo se derrumba, también Francisco.

Que no me importe la hambruna de Yemen tiene mucho que ver con que sus piratas pongan en jaque el mundo. Que no nos haya importado lo suficiente Crimea…y qué ocurre en Haiti. Guyana. Los algoritmos ya están presentes en las redacciones, en las redes diciendo qué es valioso y qué no, y lo que llamamos herramientas de IA no vieron venir estos problemas. Miremos arriba, miremos los problemas. No dejemos que un algoritmo prevea lo que es valioso porque no podrá nunca preverlo todo.

Que la IA nos convierta en levitas y sacerdotes de la parábola del buen samaritano, en personas que no veamos el herido al lado del camino, es una posibilidad real. Pero cuando eso ocurra, que será cuando prosumers y periodistas se entreguen por completo a lo que el sistema diga será lo que tengan que hacer, la culpa no será de la IA, puesto que, recordemos, la IA es lo que hacemos de ella.

El potencial riesgo, más allá de perdernos de ver al que está al lado del camino que ya nos tiene que doler lo suficiente, es ciertamente autodestructivo para la humanidad.

Una humanidad que fabrica barreras para ver al que sufre es una humanidad en extinción. Una humanidad indiferente es una humanidad menos humana. Una humanidad indiferente es artificial y no justamente inteligente, una humanidad indiferente no tiene la capacidad de ver que puede estar construyendo su propio fin en cualquier parte del planeta, casa común. Pero no caigamos en el escepticismo.

El caos como esperanza

Hay mariposas que aletean. El caos es esperanza. Porque en nuestro aleteo, como el de Petrov en la Unión Soviética, como el de Pastora en Colombia, ningún algoritmo por más entrenado que esté reemplazará jamás eso maravilloso que ocurre en la conciencia humana cuando el corazón se encuentra con la razón y las entrañas, y, creemos los que creemos, nos encontramos con Dios. En última instancia, como William Henley inspiraba a Churchill y Mandela, seremos siempre dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma.

Puede ser que estemos ante un caso demoledor. En ese caso, la IA nos sobrevivirá, como propone la película Inteligencia Artificial iniciada por Kubric y terminada por Spielberg. En IA, la película, lo único que queda de humanidad es un niño androide entrenado para amar a su madre. Quizá, como en la película, venga en miles de años una Inteligencia Extraterrestre, y la IA, más o menos humana, más o menos empática, será siempre legado nuestro. Y la IA hablará de nosotros. La Inteligencia Artificial aún ante el colapso de la humanidad por el motivo que sea, incluso ella misma, será lo que hayamos hecho de ella. Que no hable de una humanidad indiferente, que hable de una humanidad que en el camino levanta la mirada ante el que sufre, y que, antes de hablar de países, de los Estados Unidos o los Djibuti, hable del hombre, y lo maravilloso que fue, lo maravilloso que pudo haber sido si más mariposas hubiesen aleteado.